El pincha-globos

Estaba en cuclillas, junto a su inseparable amiga, jugando en el gran patio. Junto a su casa. Ellas eran las más pequeñas del patio . Tenían hermanos y hermanas mayores que las protegían.  Así que andaban tranquilas corriendo y saltando escaleras, muros y  las tapias de los tragaluces de los almacenes. Allí una decena de niños y niñas pasaban horas y horas, juntos durante todo el verano. Creciendo.  El único límite: no salir del patio.  El resto abierto a la imaginación.

Cuando llegaba la hora de la merienda, las madres te llamaban a voces. Nunca te venía bien subir, …porque igual que aquel día, estaba sumida en plena investigación interesante. Habíamos despegado un chicle totalmente negro del suelo. Las dos lo estábamos masticando. Al principio sabía un poco amargo, pero a nada que insistías….volvía el sabor y lo más importante: el color .  Yo había ganado: el mío era rosa.  Los chavales, algo mayores que nosotras,  nos estaban llamando y acudimos haciendo globos hacia donde ellos estaban. Nos pusimos también en cuclillas. Como ellos. Habían cortado la cola a dos lagartijas. La cola, separada del cuerpo seguía moviéndose. Los  chicos nos decían que acercáramos la oreja a la lagartija. Que si estábamos atentas podríamos escuchar las palabrotas que decían.  Nosotras, que no nos fiábamos mucho, les dijimos que lo hicieran ellos primero. Uno, Alfredito, se agachó y dijo:
- Acaba de decir OSTIA.
Parecía que le salían chispas de sus azules ojos mientras lo decía. Joseíto,  que era mi novio, también ponía la oreja
- ¡¡¡Alaaa!!! Oigo perfectamente que dice CABRÓN
Así uno tras otro. Nos tocaba el turno a nosotras. No quisimos ser menos y sin haber quedado de acuerdo, las dos sabíamos que lo haríamos.  Así que…ni corta ni perezosa dije tras poner la oreja
- Yo he oído MARICÓN
Mi amiga Evita hizo lo propio.
Creo que hoy es el día, que todavía se están riendo.

Todas dignas, nos marchamos a jugar a “los cacharritos”. Habíamos encontrado unos interesantes caracoles  y teníamos que prepararles una suculenta comida,  hecha por supuesto, a fuego lento. Improvisamos nuestra cocina en el vano de la ventana del primero, porque la Paquita, una mujer de cara muy arrugada y muy alegre,  se había ido de vacaciones al pueblo.

De pronto llego el Perales. El Perales, era un vecino feo y chaparro que parecía que tenía la cara sucia. Tenía una barba que aunque rapada se le dibujaba en la cara. Tenía pinta de ser muy áspera. Como todo él. Si jugábamos al balón, nos lo quitaba. Lo mismo con la cuerda y con la goma. Esta vez le tocó el turno a los cacharritos. Los tiró al suelo, gritando:
- ¡¡¡Aquí, no se puede jugar!!! ¿ No veis que es una propiedad privada? ¡¡Fuera de aquí!!

Algunos cacharritos se rompieron.  Nunca más me apeteció jugar con ellos.

Recuerdo ese momento, ese primer instante en mi vida que descubrí  que en el mundo existían “pincha-globos”. Los pincha- globos, son una especie  (bueno, una subespecie) de ser humano o más bien de homínido,  que se dedica a fastidiar, sin que le importe nada desmantelar las  ilusiones de los demás. El pincha-globos es el típico que cuando ve que se acerca un niño o niña que va sujetando con la mano, la cuerda de  un globo de gas, mirando hacia arriba  y soñando … ya se está sonriendo al pensar  lo que va a hacer. Cuanto llegas a su altura, coge el cigarrillo y con el fuego pincha el globo.  Porque sí.  Porque le gusta pinchar las ilusiones de los que sueñan.
No os perdáis este vídeo, premiado y reconocido internacionalmente. Es de un niño que sueña. Es un vídeo impescindible

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Comments
2 Responses to “El pincha-globos”
  1. Olatz dice:

    Recuerdo una pincha globos de mi infancia, una vecina del barrio donde vivía, una señora mayor que no soportaba que jugaramos en el jardín y echaba cubos de agua desde el balcón y estaba siempre todo encharcado!! Y qué buena recordar el sabor de aquellos chicles negros del suelo con el crunchi de las piedritas!! Qué maravilla no tener ascos a nada!! Gracias Begoñi!

    • Begoña Cabaleiro dice:

      ¡Qué bueno lo del crunchi de las piedrillas! Eso lo había olvidado, pero sí, si que se daba. Me encanta saber que no tenía el monopolio de “la guarradilla” de coger el chicle del suelo. Me consuela mucho. Ahora eso sería inconcebible. Los niños y las niñas viven tan protegidos de gérmenes, bacterias y demás….que se están haciendo inmunodeficientes. Y muchas gracias a tí. Como siempre

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